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Reflexión
Original
Anti-Capitalismo
Anticolonialismo
Anti-Heteropatriarcado
La nueva contra-insurgencia en América Latina
AN Original
2019-12-13
Por Verónica Gago

Una serie de protestas, levantamientos, paros y movilizaciones sacuden nuestro continente: Ecuador, Haití́, Chile, Bolivia y Colombia se han sucedido en apenas dos meses. Estos acontecimientos han cambiado el paisaje en un tiempo veloz y han sembrado imágenes contundentes. No se puede trazar una secuencia lineal ni homogénea, porque en cada situación hay genealogías específicas. Sin embargo, hay algo en común que es lo que aquí́ quiero remarcar: la explicitación de un nuevo umbral de represión estatal que permite incluso enlazar estos escenarios con Brasil, el laboratorio regional de la contra-ofensiva económica, militar y fundamentalista que estamos viviendo.

Las impugnaciones al neoliberalismo como modo de vida depredador están en el centro de estas protestas que, a su vez, las vinculan con otras movilizaciones en el planeta. Un paquete de medidas se repite aquí́ y allá́ para condensar el saqueo exigido por la acumulación global del capital: recortes de presupuestos en áreas como salud y educación, propuestas de pasantías de trabajo barato y aumento de la edad jubilatoria, suba de precios (del combustible a los alimentos, pasando por los alquileres), profundización del modelo neo-extractivista y endeudamiento caro y generalizado (a nivel estatal y domestico) como dispositivo de precarización laboral y existencial. Este momento, hay que remarcarlo, tiene una de sus claves en las movilizaciones feministas que han politizado el espacio de la reproducción social como terreno de batalla fundamental y que han señalado cuáles son los cuerpos y territorios que la recolonización del continente tiene como objetivo. Quisiera destacar esa impronta feminista que muchas veces es olvidada a la hora de contabilizar y hacer genealogía de las revueltas. Entonces, este es un primer rasgo: estas protestas dan cuenta de la emergencia y consolidación de unxs sujxtxs de lucha que no tenían semejante protagonismo en momentos anteriores. Esta novedad es innegable y tiene que ver con la modalidad represiva desatada. Por eso, el segundo elemento que quisiera proponer como hipótesis va en esta misma línea: vemos la continuación de la guerra practicada contra las mujeres y las vidas disidentes del modelo heteronormado, contra pueblos indígenas y migrantes, en una nueva escala de la guerra, que se despliega con escenas bélicas literales contra la población movilizada en las calles.

La dinámica de la guerra actual expresa un modo particular de lo que la antropóloga feminista Rita Segato ha llamado precursoramente “pedagogía de la crueldad”. En estas semanas hemos visto disparos desde helicópteros, bombas contra barrios enteros, fuerzas de seguridad que apuntan directamente a los ojos de quienes se manifiestan, persecuciones y encarcelamientos en masa, especial ensañamiento contra mujeres, lesbianas, travestis, trans, indígenas, jóvenes e incluso niñes. En Ecuador, la dirigente indígena de la CONAIE Blanca Chancoso caracterizó la situación como “el uso letal de armas no letales”, para dar cuenta de lxs muertxs por disparo de gases y granadas. “No nos querían dispersar, nos querían matar”, precisó. Las vejaciones y la tortura sexual es otra denuncia insistente de los testimonios de la represión. Todo un despliegue contra-insurgente es lo que caracteriza este nuevo momento de fuerzas represivas, policiales, militares y para-policiales, que actúan bajo la “normalidad” parlamentaria y del sistema político en general. Repetición con novedad que es un rasgo de esta coyuntura. En el caso de Chile, la sucesión cotidiana de denuncias de desapariciones, vejaciones y torturas especialmente contra mujeres y disidencias, y asesinatos producen el perturbador efecto de ser testigxs de una dictadura pero bajo el Estado “democrático” y con registros de imágenes que permiten la producción de prueba en tiempo real. Insisto con ese efecto producido por la explicitación y la reiteración de las imágenes de la represión: es como si estuviésemos viendo on line escenas propias de los años 70 pero en un supuesto ahora democrático. El informe de denuncias de violaciones sistemáticas de los derechos humanos realizado por la CIDH reúne información más que contundente, tanto en el caso de Chile como de Bolivia. ¿Qué sucede, cuál es el efecto, frente a tal cúmulo de evidencia? La conjunción regional de la legitimación institucional del accionar represivo mientras se reivindica el estado de derecho permite la fabricación de golpes por temporadas, como argumenta Suely Rolnik para pensar la secuencia brasilera, o la “autoproclamación” boliviana de una dictadura, o el asesinato a mansalva de líderes y lideresas indígenas y populares en Colombia mientras supuestamente se lleva adelante el proceso de paz. Hemos visto otro rasgo a repetición: el segundo momento luego de la represión desatada en las calles es una serie de medidas -también a nivel regional- que hacen dos cosas: aumento del presupuesto militar y fórmulas legales para la exculpación penal del accionar de las fuerzas represivas. Frente a la evidencia de la violación sistemática de derechos humanos, se consuma la defensa gubernamental de esa práctica. Sin embargo, la dinámica contrainsurgente, a diferencia de los años 70, no responde a ninguna insurgencia armada, a ninguna forma de guerrilla. ¿Cuál es la insurgencia a la que se responde? Las imágenes de las “primeras filas” de los enfrentamientos que hemos visto son llamativas. Frente a la contundencia de las armas de guerra y de policías cada vez más apertrechados, quienes están en las calles destacan por la artesanalidad de sus defensas: escudos de madera, agua, limón y bicarbonato para contrarrestar los gases, máscaras hechas con botellas de plástico, capuchas armadas con remeras.

Sin dudas estamos ante la coordinación regional de un plan que criminaliza la protesta, que tiene claras estrategias para aterrorizar y que explicita que hoy el neoliberalismo es inviable e insostenible sin una alianza con fórmulas fascistas. Vemos estructurarse así́ una convergencia neoliberal racista, sexista y conservadora para identificar como “enemigxs internxs” a quienes ya no soportan el nivel de angustia, precariedad, explotación y miseria de la vida cotidiana. Esta experiencia del malestar es impensable sin la rebelión feminista que ha dado dignidad política a todas las violencias y que ha puesto a los cuerpos como índices de una verdad histórica del deseo de otra vida. La proliferación de la performance del colectivo chileno LasTesis denunciando en castellano y en mapudungun, en inglés y en francés, en italiano y en turco, en todo el globo que las violaciones son una práctica institucional y social que sistematizan una violencia contra determinados cuerpos pone en escena una forma novedosa para la enunciación callejera y colectiva de las denuncias de “violación” de derechos humanos. En este sentido, los feminismos logran situar y concretizar con contundencia por qué los derechos humanos no son una generalidad abstracta, por qué en nuestro continente están ligados a luchas populares y evidencian a quienes hoy se les hace la guerra.


Verónica Gago es profesora en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad Nacional de San Martín, Argentina. Es investigadora y militante feminista. Es miembro del colectivo NiUnaMenos. 

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