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Reflexión
Anti-Heteropatriarcado
Anticolonialismo
Anti-Capitalismo
Se buscan feminismos que impugnen las fronteras
El Salto
2023-03-08
Por Sarah Babiker

Mientras algunas asambleas y comisiones del 8M apuestan por incluir una mirada antirracista, colectivos y activistas lamentan que la lucha contra la ley de extranjería y por los derechos de las personas migrantes no sea aún prioridad para la agenda feminista.

8m del 2021 en Valencia MATHIAS RODRÍGUEZ

El pasado 25 de febrero, en el marco del Encuentro Internacional Feminista organizado por el Ministerio de Igualdad en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, se celebraba la mesa El feminismo será antirracista o no será. Durante el debate, varias de las presentes entre el público se acercaron a la mesa y tomaron la palabra. Se trataba de activistas del Movimiento Regularización Ya, que llevaban a este gran encuentro feminista una demanda por lo que llevan mucho tiempo peleando: la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) por la regularización, que, después de conseguir 700.000 firmas, depende para la aprobación en el Congreso de los votos del PSOE, en plena cuenta atrás para el fin de la legislatura.

Las activistas cuestionaron que ellas y sus reclamos no hubieran sido invitados a participar en esa mesa. Se encargó de cederles la palabra la escritora y periodista Gabriela Wiener, una de las ponentes, quien interpeló a Unidas Podemos para supeditar un eventual segundo gobierno de coalición a la regularización extraordinaria. La misma demanda había resonado entre quienes unos días antes, el 22 de febrero, se encontraron en un acto sobre la ILP en el Congreso de los Diputados, un encuentro en el que, junto a otros grupos de la izquierda parlamentaria que apoyan la iniciativa, estaban presentes diputadas de Unidas Podemos, partido al que se le conminó en un par de ocasiones, de nuevo, a condicionar su apoyo a Pedro Sánchez a la regularización, mostrando la misma presión que ha mostrado para la aprobación de las leyes de igualdad.

Volviendo al 25 de febrero, pero cambiando de ubicación, aquel sábado, en Barcelona, los colectivos antirracistas habían convocado una protesta ante el CIE de Zona Franca tras la apertura sorpresiva del módulo de mujeres. Una pancarta denunciaba: “Contra el sistema capitalista, heteropatriarcal, colonial”. El comunicado, apoyado por decenas de organizaciones, en primer lugar antirracistas, ponía una vez más el foco en la Ley de extranjería.

Las asambleas y comisiones 8M de diversas ciudades llevan años incluyendo el eje antirracista en sus agendas. La asamblea del 8M en Barcelona ha puesto el combate contra la ley de extranjería entre sus prioridades. En Valencia, la manifestación saldrá del propio CIE de Zapadores, y en Madrid, la lucha de las trabajadoras domésticas o por la regularización también estuvieron presentes en la asamblea que tuvo lugar el sábado 4 de marzo en Callao, como estuvieron también presentes los reclamos, por parte de activistas de Regularización Ya de dar más prioridad a la impugnación contra fronteras y CIE. Y es que, más allá de incorporar lemas, e integrar las demandas en los manifiestos, desde los activismos antirracistas se reclama una mayor implicación de los feminismos en la lucha por los derechos de todas las mujeres, también de aquellas migrantes y racializadas.

Cuestión de prioridades
Que los feminismos deben ser antirracistas es una demanda que se ha venido repitiendo con fuerza en los últimos años. Sin embargo, para muchas activistas antirracistas y migrantes este reclamo suele toparse con una realidad, la no priorización de la agenda antirracista, contra la ley de extranjería o por la regularización. “El primer contacto siempre pasa por entender el lugar de pronunciación que tenemos nosotras como mujeres migradas, que no necesitamos ser rescatadas sino escuchadas y trabajar a partir de ahí”, explica Edith Spinola, de Servicio Doméstico Activo y activista de Regularización Ya. Para ella, el régimen de interna muestra este paradigma: “No podemos hablar de feminismo rompedor cuando las mismas feministas siguen calladas ante el régimen de interna, cuando quienes exigimos la erradicación de este régimen esclavista somos nosotras y algunas aliadas”, explica. Para esta activista, el silencio ante las muertes en la frontera, la ley de extranjería, o los CIE, tienen que ver con que esta realidad “no atraviesa” a algunos feminismos.

Y esto, lamenta Kenia García del Colectivo de Prostitutas de Sevilla, limita las alianzas: “Para nosotras, una herramienta importante podrían ser las acciones del feminismo institucional, pero lastimosamente muchas de las que llegan al poder, en vez de luchar en contra, siguen colaborando con políticas punitivistas e incluso la militarización de las fronteras y la industria de la guerra”. Las mujeres, considera la activista, cuando están en situación de poder, pueden ser una herramienta para introducir transformaciones, “pero esto no sucede cuando estas mujeres son herederas del colonialismo”, con lo que es difícil establecer alianzas coordinadas para derribar el poder punitivo del Estado.

Nadia Azougagh forma parte de varios colectivos en Almería, pero fundamentalmente de La Resistencia. La activista habla de un ecosistema diverso, donde la cuestión de las alianzas está en proceso, siendo estas, considera, una herramienta esencial para combatir la explotación. Donde se ven las alianzas claramente, considera, es justamente dentro de los colectivos más vulnerados, las mujeres que sufren directamente la explotación y el abuso sexual en los asentamientos. La alianza es entre quienes viven lo mismo. Quienes no lo viven no están, asume. “Son las propias mujeres las que se organizan para combatir explotación y violencia. Por ejemplo, hacia un abuso sexual dentro de un asentamiento en concreto, las mujeres lo que hacen es gritar para que las otras mujeres sepan que están sufriendo en ese momento un abuso o están intentando entrar a su chabola y todas ellas se juntan, y la apoyan y las cuidan y combaten a ese tío que está intentando entrar a la chabola. Entonces son una alianza feminista que se crea dentro del propio colectivo”.

Feminismos propios
Organizarse para defenderse de agresores, de explotación laboral o cuidar a los hijos e hijas, es una práctica habitual en los asentamientos. Aliarse con aquellas que están atravesando la misma situación, señala la activista desde Almería: “Alianzas en los cuidados o la sororidad que se crean entre quienes sufren una situación de vulnerabilidad concreta”. Que te afecte pasa a ser central en la organización.

Algo que se construye, en palabras de Spinola, “merendando o almorzando mientras hablamos de maternidad transnacional, derechos laborales o buscando una sonrisa. Para nosotras, el feminismo es abrazarnos entre las de abajo sin olvidar todo lo que nos atraviesa, para ser más fuerte en nuestra exigencia de condiciones justas como mujeres, y en especial como mujeres migradas trabajadoras de hogar”.

De “hacer alianzas entre las excluidas” habla Kenia García, que define el feminismo de las trabajadoras sexuales como “disidente, popular y transfeminista”. El objetivo es “hacer frente a un sistema que no solo nos deja fuera sino que nos estigmatiza porque no cumplimos con los mandatos y convencionalismos sociales heteronormativos y patriarcales de lo que debería ser una ‘mujer aceptable y respetable’”. Lo que se sufre y se vive son elementos que “nos unen y colectivizan para no solo denunciar nuestra situación de desigualdad generada por el propio sistema, sino también para reivindicar políticas que nos reconozcan como sujetos activos merecedoras de derechos, de respeto y reconocimiento, todo esto a través de la autoorganización y apoyo mutuo”. El feminismo, concluye García, “es una herramienta que nosotras también necesitamos”.

“El hecho de que una mujer no tenga papeles conlleva que está en desigualdad total”, algo que, considera Azougagh, no parece siempre fácil de ver desde la posición de mujeres blancas urbanas presentes en los movimientos

Ampliar los feminismos
Azougagh celebra los pasos adelante que han dado los feminismos en los últimos años, pero considera necesario recordar a todas las mujeres que aún se quedan fuera, la falta de atención que reciben. Para explicar esta percepción recurre también a lo cercano: considera que en el movimiento feminista en Almería, por ejemplo, no se le da importancia debida al hecho de no tener papeles. “El hecho de que una mujer no tenga papeles conlleva que está en desigualdad total”, algo que, concede, no parece siempre fácil de ver desde la posición de mujeres blancas urbanas presentes en los movimientos. Una despreocupación que es fruto de un privilegio, considera la activista.

Pero los feminismos son diversos, y el feminismo dentro del movimiento antirracista, considera García, “está haciendo un trabajo muy potente no solo para resistir sino para avanzar, no solo en el plano político sino también en el social, en el cambio de las narrativas y el imaginario social”, las 700.000 firmas de la ILP serían muestra de esto, un objetivo, recuerda, que se ha alcanzado precisamente a fuerza de alianzas: “Han involucrado a todos los agentes sociales posibles, desde sindicatos, partidos políticos e incluso la iglesia”, destaca García, todo un ejemplo de “cómo se pueden establecer estrategias y potenciar alianzas”.

“Si queremos realmente desestructurar el sistema de dominación, la mirada de cómo afectan la migración y la racialización en las mujeres es fundamental”, afirma Kenia García

La potencia y capacidad transformadora a futuro pasa, para estas activistas, por seguir la vía del antirracismo. Sin él, “el feminismo no solo pierde su potencia como movimiento político radical y de justicia social, no se desarrolla ni evoluciona sino al revés, cuando desde los feminismos no cuestionamos ni nos preocupamos por la desigualdad, seguimos reproduciendo jerarquías, privilegios e incluso opresión y retrocesos, si queremos realmente desestructurar el sistema de dominación, la mirada de cómo afectan la migración y la racialización en las mujeres es fundamental”, apunta García. Y es que, recuerda, “el racismo y las políticas de fronteras son estructuras, herramientas, que aseguran y sostienen por ejemplo la división del trabajo en función a la clase, raza y género”. Se trata, en definitiva de “luchar por redistribuir recursos y no alimentar al capitalismo que se lucra explotando mediante la desigualdad”.

Priorizar otras agendas y poner delante otros sujetos, así lo expresa Spinola: “Para un feminismo transformador se debe luchar por las invisibles, por las que están en el margen”. Para la activista, es contradictorio hablar de poner “la vida en el centro” mientras “se realiza quita de custodia a las madres migradas sin atender las circunstancias que la llevaron ahí”, ni se puede hablar de violación o violencias machistas, sin tener en cuenta cuántas deben callar por miedo a que una denuncia derive en un castigo para ellas: una orden de expulsión. “No se puede hablar de todas cuando la ley de extranjería nos discrimina, nos asesina en la frontera, nos viola en nuestros puestos de trabajo”.



Contenido Original por El Salto